Solo quedan nueve yates J-Class, y la flota vuelve a competir en el Mediterráneo

Una clase que se cuenta con los dedos de dos manos
Las nueve J activas se reparten en tres supervivientes de los años treinta, Velsheda, Endeavour y Shamrock V, y seis réplicas construidas desde 2003: Ranger, Rainbow, Hanuman, Lionheart, Topaz y Svea. Los originales son las últimas de aquella flota J-Class que disputó la America's Cup en los años treinta. La mayor parte de esa flota fue desguazada por su metal en los años siguientes, y solo estos tres barcos británicos llegaron intactos.
Esa escasez es toda la tesis de inversión. Ningún astillero puede fabricar más historia, y una nueva J es un encargo de varios años en un puñado de astilleros neerlandeses, así que la oferta está tan fijada como en casi nada más a flote. Quien quiere entrar puja por uno de nueve cascos, no por uno de una serie de producción, y el grupo de quienes pueden permitirse una y además gobernarla es igual de reducido.
Svea fija el techo en 43,6 metros
Svea, botada por Vitters en 2017 según un diseño sueco de 1937 que pasó ocho décadas en el papel, es la J más larga jamás construida, con 43,6 metros, es decir 143 pies. Las J llevan hasta 7.500 pies cuadrados de vela, y Svea figura entre los barcos más competitivos del circuito desde su debut.
En el otro extremo de la escala de edades está Shamrock V, dibujada para Sir Thomas Lipton en 1930 y el nombre más célebre de la clase. La distancia entre una réplica de 2017 y un original de noventa años es el mercado que un armador lee de verdad: lo que un comprador paga por la procedencia frente a lo que paga por la velocidad, y cómo un refit serio redefine ambas cosas.
La temporada mediterránea es el escaparate
Tras un 2025 discreto, dedicado sobre todo al crucero, la mayor parte de la flota vuelve al match race este año, con la temporada apuntando a Les Voiles de Saint-Tropez, del 26 de septiembre al 4 de octubre. Las J atraen público y objetivos allí donde se alinean, y en parte por eso los armadores las mantienen en regata en vez de fondeadas.
Para cualquiera que sopese una compra en la vela clásica, una temporada a flota completa es la lectura más clara disponible sobre dónde se sitúan los valores y el interés en la cúspide del mercado. Nueve barcos en un solo circuito son un mercado estrecho, y con cuánta dureza se les navega este verano es casi la única señal viva que recibe un comprador sobre la demanda del activo más escaso a vela.