Sanlorenzo se fundó en 1958 en la Toscana y pasó a manos de Giovanni Jannetti en 1972, con quien botó su primer casco de fibra de vidrio en 1985 y trasladó su sede a Ameglia, cerca de La Spezia, en 1999. En 2005 el actual presidente ejecutivo, Massimo Perotti, compró la compañía y fijó su rumbo moderno. El astillero construye yates de entre 24 y 70 metros aproximadamente. Durante todo ese tiempo ha mantenido la producción deliberadamente limitada, y entrega cada año un número reducido de barcos hechos a medida en lugar de perseguir el volumen.
Esa escasez es central para entender a Sanlorenzo. Cada yate se construye según el encargo de un armador concreto y no para almacén, lo que mantiene al astillero más cerca del mundo de la sastrería que de la producción en serie. En 2019 la compañía salió a bolsa en Milán a 16 euros por acción, lo que le dio capital para crecer sin renunciar a su ritmo medido. Las plantas de construcción se reparten entre Ameglia, La Spezia, Viareggio, Massa y Pisa, cada una con su papel dentro de la gama.
Sanlorenzo se organiza en tres divisiones. La Yacht Division construye yates de planeo en composite de unos 24 a 38 metros, y cubre las líneas SL, SX y SD. La Superyacht Division construye yates mayores en aluminio y acero, entre ellos las gamas Alloy y Steel. La Bluegame Division, en el grupo desde 2018, fabrica barcos sport utility menores, y el astillero también ha entrado en la vela a través de su participación en Nautor Swan.
Lo que une las gamas es una identidad de diseño coherente. Piero Lissoni es director artístico desde 2018 y aporta una estética sobria y residencial a los interiores y a la manera en que la marca se presenta. Zuccon International Project lleva mucho tiempo como socio para el diseño exterior y para conceptos como la distribución asimétrica. La imagen de toda la flota es serena y guiada por los materiales antes que llamativa.
Sanlorenzo ha convertido la sostenibilidad en una prioridad declarada a través de un programa que llama Road to 2030, dirigido a recortar de forma sostenida el impacto ambiental de sus yates. En 2021 firmó un acuerdo en exclusiva con Siemens Energy para desarrollar tecnología de pila de combustible para yates. El resultado llegó al agua en 2024 con el 50Steel, presentado como el primer superyate que usa un sistema de pila de combustible con reformador que extrae hidrógeno de metanol verde para alimentar sus sistemas de a bordo sin emisiones locales. El astillero ha dicho que aspira a entregar un yate con propulsión totalmente neutra en carbono para 2030.
Esa investigación revierte en el resto de la flota de formas más cotidianas, con pods híbridos, paneles solares, bancos de baterías y tratamiento de gases de escape en todas las gamas. En lo comercial, Sanlorenzo sigue siendo un caso raro: un constructor independiente y controlado por su propietario en un sector cada vez más en manos de grandes grupos. Su argumento ante el comprador se apoya en la escasez y en el diseño, respaldados por un camino creíble en emisiones, y no en ser el nombre más grande a flote.
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